El dolor de perder a un ser querido en un accidente vial
La muerte de un ser querido en un accidente de tráfico implica mucho más que la pérdida de una vida. Para las familias afectadas, comienza un proceso de duelo que puede extenderse durante años, muchas veces acompañado de expedientes judiciales y la incertidumbre de buscar justicia.
Testimonios conmovedores de las familias
Carina Quevedo, representante de la campaña nacional Estrellas Amarillas, compartió su historia tras perder a su hijo, Juan Ignacio Mayore, en 2017. Quevedo enfatiza que su lucha no es solo por el reconocimiento judicial de su pérdida, sino también por la necesidad de apoyo estatal para aquellas familias que deben aprender a vivir sin sus seres queridos. «Somos sobrevivientes», afirmó, reclamando que esta condición sea reconocida oficialmente.
Por otro lado, Belén Castillo, hermana de Thomas, un joven de 21 años que falleció en un accidente vial, relató que, tras la muerte de su hermano, ha intentado retomar su vida a pesar del dolor que persiste. «Es algo muy duro… tenemos que vivir igual, aunque no queramos», expresó, reflejando la pesada carga emocional que enfrentan las familias en duelo.
Un proceso judicial que reabre heridas
El camino legal que siguen las familias tras un accidente puede exacerbar el dolor. Carina explicó que cada paso en el proceso judicial puede abrir nuevamente la herida: «Entierran y desentierran a nuestros muertos como si nada». Además, cuestionó que las estrategias de control de tránsito se presenten como respuestas definitivas ante una problemática más compleja.
Su objetivo principal es modificar el Código Penal para abordar adecuadamente la responsabilidad de quienes causan muertes y reconocer el sufrimiento de los sobrevivientes.
Las penas legales por homicidio culposo
Cuando se trata de muertes causadas por la conducción de un vehículo, las penas varían según las circunstancias. El homicidio culposo, por ejemplo, se tipifica cuando alguien causa la muerte por conducción imprudente, con penas que van de 2 a 5 años. Si se presentan agravantes, como conducir bajo influencia de alcohol, la pena puede escalar de 3 a 6 años.
En el caso de homicidio con dolo eventual, las penas ascienden considerablemente, de 8 a 25 años, dependiendo de la intención del conductor. Esto subraya la importancia de las circunstancias que rodean cada accidente.
La falta de asistencia a las familias
Quevedo destacó la falta de protocolos de emergencia para las familias afectadas por siniestros viales. «No tenemos una asistencia inmediata… quedamos a la deriva», lamentó. Este vacío en el apoyo institucional deja a muchas familias lidiando con su dolor sin ningún tipo de acompañamiento.
«Nosotros educamos, concientizamos y visibilizamos», concluyó Quevedo, a pesar del sufrimiento. Muchas familias están trabajando activamente para prevenir futuros accidentes y generar conciencia sobre la seguridad vial. En Mendoza, sus historias resaltan una lucha continua más allá de las estadísticas, mostrando que detrás de cada tragedia hay una familia que busca reconstruir su vida ante la ausencia irreparable de un ser querido.

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